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Vino con moderación

Directrices para un consumo responsable
¿Cuánto es demasiado? 
Beneficios de un consumo moderado 



El vino: la cultura de la moderaciónLa cultura de la moderación 
El producto 
Dimensión socioeconómica 
Historia del vino 
Cultura del vino 
Hábitos de consumo 

Abuso y uso indebidoRiesgos 
Restricciones para los menores de edad 
Consumo de vino y legislación 
Beber y conducir 

Directrices para un consumo responsableConsumo responsable 
¿Cuánto es demasiado? 
Beneficios de un consumo moderado 
Mujeres embarazadas 

Consumo responsable 
Puntos clave a saborear 
Para disfrutar el vino en su plenitud 

Entienda el vino que bebe: saber de dónde procede su carácter único incrementa el placer de la cata de vino. 
Beba lentamente: tómese el tiempo de saborear el gusto característico del vino. 
Acompañe el vino con una buena comida: disfrute de un vino que complementa sus comidas, con un vaso de agua. 
Consuma con regularidad pequeñas cantidades de vino: es preferible a consumir vino “en atracones”. 
No rebase las directrices para un consumo moderado de bebidas alcohólicas (consumo de bajo riesgo). 
Sobre la base de investigaciones científicas disponibles y diferentes referencias proporcionadas por las autoridades de salud pública, se acepta que el consumo moderado de bajo riesgo se sitúa entre los valores expuestos a continuación: 
Directrices para un consumo moderado de bajo riesgo: 
Hasta 2 unidades de bebidas al día para las mujeres. 
Hasta 3 unidades de bebidas al día para los hombres. 
No más de 4 unidades de bebidas en cualquier ocasión. 
Debería evitarse el consumo de alcohol en determinadas situaciones como, por ejemplo, durante el embarazo, cuando se toman medicamentos o se manejan máquinas. 
El consumo de vino requiere madurez: los menores no deberían beber alcohol. 
Durante el embarazo, lo mejor es evitar el alcohol. 
Evite beber cuando conduce y – de todas formas – nunca supere los límites de la TAS para conductores establecidos en la legislación. 

Consumo de alcohol: términos de medición 

1 unidad de bebida (UB)* que contiene 10 gramos de alcohol puro equivale a: 

10cl de vino con un grado 
alcohólico volumétrico de 12% 
10cl de vino espumoso con un grado 
alcohólico volumétrico de 12% 
6cl de vino de licor con un grado 
alcohólico volumétrico de 20% 

7cl de vino aromatizado con un grado 
alcohólico volumétrico de 15% 



(*) Este término indica el contenido medio en alcohol puro expresado en las unidades más comunes de consumo, si bien los volúmenes servidos y las directrices relativas al consumo suelen variar según los países. 
¿Sabía que…? 
La producción y el consumo de vino forman parte de la herencia europea desde milenios. Hoy por hoy, la Unión europea es el principal productor y exportador de vino. 
Cada vino es un producto natural único. Para garantizar su autenticidad y calidad, el vino está sometido a una normativa global estricta del productor de vino al consumidor. 
Apreciado por su sabor, textura, cuerpo, color, aroma y variedad, el vino constituye a menudo el complemento ideal de una buena comida. 
Sólo consumiendo el vino moderada y lentamente podrán apreciarse y disfrutarse plenamente sus sabores complejos. 
El abuso y el uso indebido de alcohol provoca daños para la salud y puede dar lugar a toda una serie de daños sociales. 
Si el vino se consume de acuerdo con las directrices recomendadas de moderación para personas adultas, como parte de una dieta equilibrada, es perfectamente compatible con un estilo de vida saludable. Sin embargo, beber más de lo aconsejado en las directrices recomendadas no redunda en más beneficios, ¡sino en más daños para la salud! 





¡Ante la duda, consulte a su médico! 


Los autores de esta información han prestado especial atención para asegurar la exactitud de la misma en el momento de su publicación, y no se hacen responsables de ningún error u omisión. 

Directrices para un consumo responsableConsumo responsable 
¿Cuánto es demasiado? 
Directrices en materia de moderación: ¿Cuánto es demasiado? 


Muchos factores, como la edad, el índice de masa corporal, la etnicidad, la historia familiar, el estado de salud general y la medicación influyen en la definición de las actuales directrices sobre consumo de alcohol. 
El ritmo con el que se consume alcohol y si se bebe comiendo – así como la cantidad y tipo de alimentos – son condiciones que influyen en la absorción del alcohol. 

No obstante, sobre la base de investigaciones internacionales disponibles y diferentes referencias proporcionadas por varias autoridades públicas, desde el punto de vista médico, se acepta que el consumo moderado de bajo riesgo se sitúa entre los valores expuestos a continuación (Corrao et al., 2000):


Directrices para un consumo moderado de bajo riesgo: 
Hasta 2 unidades de bebidas al día para las mujeres. 
Hasta 3 unidades de bebidas al día para los hombres. 
No más de 4 unidades de bebidas en cualquier ocasión.


Debería evitarse el consumo de alcohol en determinadas situaciones como, por ejemplo, durante el embarazo, cuando se toman medicamentos o se manejan máquinas. 
Consumo de alcohol: términos de medición 

1 unidad de bebida (UB)* que contiene 10 gramos 
de alcohol puro equivale a: 

10cl de vino con un grado 
alcohólico volumétrico de 12% 
10cl de vino espumoso con un grado 
alcohólico volumétrico de 12% 
6cl de vino de licor con un grado 
alcohólico volumétrico de 20% 

7cl de vino aromatizado con un grado 
alcohólico volumétrico de 15% 



(*) Este término indica el contenido medio en alcohol puro expresado en las unidades más comunes de consumo, si bien los volúmenes servidos y las directrices relativas al consumo suelen variar según los países. 


Se considera un consumo de bajo riesgo la cantidad de alcohol que una persona puede consumir sin correr peligro de que se incrementen significativamente los efectos sociales negativos y los daños para la salud (Dufour MC, 1999). Esta definición se puede ampliar para incluir la cantidad de alcohol que una persona puede consumir con seguridad y experimentar potencialmente o beneficiarse de los efectos positivos para su salud a largo plazo. 



Importancia de los hábitos de consumo de alcohol 

No obstante, no sólo son importantes las cantidades de alcohol ingeridas, sino también los hábitos de consumo (es decir cómo se consume alcohol) y las circunstancias en las que se consume. 

Como indican las investigaciones científicas, un consumo moderado y regular de bebidas alcohólicas resulta más beneficioso y se relaciona con una morbosidad y un riesgo de mortalidad inferiores a los del “consumo en atracones” (en inglés binge drinking) de la misma cantidad de alcohol durante los fines de semana, por ejemplo (Tolstrup J.S. et al., 2004, Mukamal K.J. et al., 2003, Marques-Vidal P. et al., 2000, Rehm J et al., 2003, Baglietto L et al, 2006). 



¿Quién NO debe cumplir las directrices? 

Las directrices sobre consumo moderado de alcohol NO se aplican a: 

los jóvenes que no han alcanzado la madurez física 
las mujeres embarazadas 
los conductores 
las personas que toman una medicación incompatible con la ingesta de alcohol 
las personas con antecedentes de adicción o que sufren de ciertas enfermedades. 


¡En caso de duda, consulte a su médico! 

Si se respetan estas directrices, un consumo moderado de vino por adultos – como parte de una dieta equilibrada – es compatible con un estilo de vida sano de bajo riesgo. A pesar de que algunas culturas europeas sufran más problemas relacionados con el alcohol que otras, un consumo moderado de este tipo sigue siendo la norma.


Beneficios de un consumo moderado 
Alcohol y corazón 
Un consumo de vino moderado y regular se asocia con varios beneficios para la salud.


En los países desarrollados, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte y suponen hasta el 50% de todas las muertes (Gronbaek M, 2004). Los estudios científicos demuestran sistemáticamente que consumir alcohol con moderación reduce la mortalidad debida a enfermedades coronarias y a otras causas en un 25-30% en personas de mediana edad, en particular los hombres de más de 40 años y las mujeres posmenopáusicas (Corrao G et al., 2000; Wannamethee SG et al. 2003; Klatsky a. et al., 2003, Di Castelnuovo A et al., 2002; Klatsky A.L., 2007, Gronbaek M, 2004). 

Curva jotaforme de asociación entre el riesgo de mortalidad y el consumo de alcohol 
Las personas que consumen vino con moderación viven más que las que se abstienen o beben en exceso. Esta asociación, ampliamente aceptada, se conoce como curva jotaforme . El riesgo relativo de morir está en su punto más bajo entre las personas que beben poco vino o lo consumen con moderación y resulta mayor entre los abstemios. No obstante, el riesgo aumenta de forma espectacular con cada cantidad que rebasa la moderación. Por consiguiente, cuando una o dos copas se pueden considerar “buenas para la salud”, beber más de lo aconsejable no redunda en más beneficios, ¡sino en más daños para la salud! (Corrao et al., 2000). 


¿Cómo funciona? 
Se cree que aproximadamente la mitad de los efectos cardioprotectores del vino se deben al propio alcohol, puesto que modifica favorablemente el equilibrio de grasas en la sangre. 

Surgen enfermedades vasculares cuando el colesterol malo (LBD) se deposita en las paredes arteriales, se amontona y termina rompiéndose y formando una embolia que bloquea la arteria. A continuación, el tejido irrigado por esa arteria muere. 

El alcohol estimula la producción de colesterol “bueno” (lipoproteína de alta densidad) que elimina el colesterol “malo” (lipoproteína de baja densidad) de las arterias y venas en las que podría formar placas. 
También reduce la “adherencia” o coagulación de los glóbulos rojos que podrían formar una embolia y bloquear el flujo sanguíneo en una arteria (trombosis) acarreando un infarto de miocardio o un derrame cerebral (Lacoste L et al., 2001). 
Además, el alcohol tiene un efecto antiinflamatorio global que afecta positivamente a los vasos sanguíneos y, por lo tanto, retrasa el desarrollo de la aterosclerosis (Estruch R et al., 2004). 
El vino, además, contiene sustancias fenólicas que actúan como antioxidantes e impiden que el colesterol malo se introduzca en las paredes arteriales. Estos antioxidantes reducen asimismo los daños causados por los radicales libres en el cuerpo (residuos tóxicos) que contribuyen a causar enfermedades degenerativas tales como el cáncer, el Alzheimer, el Parkinson y el envejecimiento. Cabe observar que la actividad antioxidante presente en el zumo de uvas sin fermentar es menor que en el vino – la actividad antioxidante aumenta durante el proceso de fermentación y maduración. Los niveles de antioxidantes dependerán del procesamiento, de la filtración, así como de la cepa, de la añada, de la altura y del suelo (Frankel E. N. et al., 2000). 

El resveratrol, así como la quercetina y la epicatequina, son los principales antioxidantes que se encuentran en el vino. Estos componentes fenólicos (bioflavonoides) dan al vino su sabor y color característicos. Las plantas los producen como respuesta a una micosis, a la luz ultravioleta, así como a varios factores químicos y físicos de estrés, en especial durante la maduración. Los investigadores han demostrado que los antioxidantes en el vino son cinco veces más potentes que el antioxidante de referencia, la vitamina E. 

Estos resultados respaldan el creciente y abrumador conjunto de investigadores científicos que indican que el consumo moderado de bebidas alcohólicas se asocia con niveles menores de enfermedades coronarias, más salud y mayor longevidad (Mukamal, KL et al., 2006). 


Vino y diabetes mellitus 
De los estudios sobre un amplio sector de la población se desprende que las personas que consumen bebidas alcohólicas ligera a moderadamente corren menos riesgo de contraer diabetes que los abstemios o los bebedores empedernidos. Los resultados de un meta-análisis que examina la relación entre consumo moderado de alcohol y diabetes de tipo 2 indican un efecto protector contra la diabetes cuando se consume vino con moderación. Para hombres como para mujeres, el riesgo de contraer diabetes se reduce en un 30% (Carlsson S. et al., 2005, Koppes L.L. et al., 2005, Wannamethee S.G. et al., 2003; Avogaro, A. et al., 2004; Wei, M. et al. 2000). 

Cómo, exactamente, el alcohol reduce el riesgo de diabetes todavía no se ha establecido con claridad. Las investigaciones señalan que el alcohol podría mejorar la resistencia del cuerpo a la insulina, un problema de la diabetes de tipo 2 o “diabetes del adulto”. Las personas que sufren diabetes de tipo 2 no pueden usar la glucosa eficazmente por su resistencia a la insulina (que es la hormona que permite que las células del cuerpo utilicen la glucosa). 

Pero no sólo el riesgo de diabetes de tipo 2 disminuye con un consumo moderado de alcohol, sino también las potenciales complicaciones cardiacas vinculadas a la diabetes. Esto resulta de suma importancia si se tiene en cuenta que las enfermedades coronarias son la principal causa de muerte entre los que sufren diabetes de tipo 2, quienes además corren un riesgo cuatro veces mayor de sufrir un infarto de miocardio o un derrame cerebral. Las investigaciones indican que el riesgo disminuye considerablemente cuando consumen vino con moderación con las comidas. 

Habida cuenta de la epidemia global de diabetes de tipo 2, que se prevé aumente aún y se asocia con costes sanitarios enormes, la prevención del diabetes es una cuestión clave de salud pública. No obstante, al parecer, un consumo moderado podría ayudar a reducir la diabetes de tipo 2 y, por consiguiente, contribuir significativamente a mejorar la salud pública (Djousse L. et al., 2007: 1758-65). 

En vista de tales resultados, los beneficios de un consumo moderado de vino se deben también reconocer apropiadamente. No obstante, los resultados científicos sobre los beneficios de un consumo moderado, bien físicos, bien mentales, bien sociales, no deberían ser un incentivo para rebasar las directrices sobre consumo moderado de bebidas alcohólicas. Recuerden, por favor, que el vino se debería consumir por placer y deleite en vez de por un beneficio cualquiera para la salud. Por añadidura, beber más que las cantidades recomendadas no proporcionará más beneficios, ¡sino más daños para la salud! 



El vino: la cultura de la moderación


El vino forma parte de la vida y de la cultura europeas. La UE es el mayor productor mundial de vino, así como el principal exportador de productos vitícolas. La contribución que aporta el sector a la economía de la UE asciende a unos 15.000 millones de euros al año. Ahora bien, la importancia del sector del vino para la economía europea no debería medirse únicamente en términos monetarios, ya que el sector penetra en muchos niveles de la vida europea, en los que aporta una contribución significativa en términos socioeconómicos, medioambientales y societales: allí donde las viñas adornan el paisaje, el sector vinícola proporciona puestos de trabajo a millones de personas, contribuyendo a mantener el tejido rural y un estilo de vida que tiene mucho que ver con la noción en sí de identidad europea. Y es más, el vino y los productos vitícolas son apreciados por millones de consumidores de Europa y del mundo entero, siendo éste a veces hasta el elemento de distinción de las celebraciones, así como el digno acompañante de una buena comida. 

El sector europeo del vino reconoce esta importante contribución y se afana en promover el sector del vino y sus productos dentro de la UE y en el exterior. 

No obstante, el sector europeo del vino reconoce asimismo los peligros y el impacto social y económico negativo que puede engendrar, y de hecho ha engendrado, el abuso del consumo de vino y demás bebidas alcohólicas. El sector europeo del vino también reconoce que si bien para la mayoría de los consumidores los productos vitícolas son una bebida agradable para degustarla con moderación, una minoría abusa de las bebidas alcohólicas de una manera perjudicial para ellos mismos y que puede ser perjudicial para los que los rodean. El sector también reconoce la existencia de una tendencia preocupante en relación con la cultura de beber en atracones, con un carácter muy acusado en algunas zonas de la Unión Europea y entre algunas franjas de edad, y dentro de determinados grupos socio-económicos y sociales. 

El sector europeo del vino considera que el producto de calidad que elabora incita a unos hábitos de consumo moderado. No obstante, el sector también reconoce que no toda la gente consume el vino con moderación, por lo que intenta promover como norma social la moderación y la responsabilidad en el consumo del vino. 

A dicho fin, el sector europeo del vino ha desarrollado un programa paneuropeo llamado “Vino con moderación”, que apunta a promover hábitos de consumo más responsables y a reducir el abuso de alcohol y los daños causados por un uso indebido, y que apoya las iniciativas encaminadas a reducir los comportamientos negativos causados por el consumo de alcohol en Europa, a la vez que preserva la posición cultural, ambiental y económica del vino en la sociedad europea. 

Este Mensaje Común es fruto de un acuerdo mutuo que constituirá la base y los fundamentos del programa Vino con Moderación. El programa ha sido pensado para que se desarrolle por toda la Unión Europea, con miras a: 

comunicar sobre la moderación y la responsabilidad a la hora de consumir el vino de manera responsable y fomentar dicho consumo moderado como norma cultural y social. 
contribuir a prevenir el consumo abusivo y/o excesivo de bebidas alcohólicas, reducir el uso indebido del alcohol y ayudar a los jóvenes y adultos a tomar decisiones acertadas y responsables de cara a la bebida. 
cooperar de manera eficaz con las autoridades competentes y otras partes relevantes en la prevención del consumo excesivo y del uso indebido del vino. 

Un producto natural: siglos de pasión, multitud de variedades 
El vino es un producto agrícola natural, como así lo reconocen los Tratados de la UE; en la legislación de la UE se define como “el producto obtenido exclusivamente por la fermentación alcohólica, total o parcial, de uva fresca, estrujada o no, o de mosto de uva”. 

El Vino es un producto estrictamente regulado, desde la viña hasta el consumidor: el cultivo de la vid y la elaboración del vino están regulados por la Organización Común de Mercado de la UE (OCM) en el marco de la Política Agrícola Común (PAC). En ella se establecen normas globales y específicas que abarcan todo el proceso de producción del vino, y particularmente los suelos, las superficies de cultivo, la autorización de las diversas variedades de vino y la elaboración del vino. 

La elaboración del vino es tanto un arte como una ciencia, y los distintos climas y tipos de suelo dejarán su huella en cada variedad de uva. A raíz de los diferentes métodos de vinificación han surgido muchos estilos diferentes de vinos, y pocos vinicultores lograrían ponerse de acuerdo acerca de un único método “correcto” de elaborar vino. Cada vino es único. El suelo, el clima, la geología, la variedad de las cepas y el estilo de su elaboración son todos ellos factores decisivos, aunque variables, que le dan a cada vino su carácter único. 

Las regiones vitícolas de Europa producen una amplísima variedad de excelentes caldos. Si bien el vino es un producto natural, la innovación tecnológica ha aportado mejores condiciones de higiene y de control de la producción, contribuyendo así a la producción de vinos adaptados al paladar de los consumidores actuales. De hecho, el consumo global de vino ha bajado en Europa, según se han ido orientando los hábitos a vinos de mayor calidad.


Dimensión socioeconómica 
El vino como recurso: un sector vital, una baza ecológica, un estilo de vida


La Unión Europea es el primer productor, consumidor, exportador e importador mundial de vino. De hecho, en Europa se produce más de la mitad de la producción de vino a nivel mundial y la producción de vino es una actividad económica esencial para muchas economías regionales. 
En 2004, la producción de vino representaba el 5,4% de la producción agrícola final de la UE y para algunas economías del sur de Europa, representó aproximadamente el 10% del valor de su producción agraria. Así fue efectivamente en Austria, Eslovenia, España, Francia, Italia, Luxemburgo y Portugal. El sector recibe cada año del orden de 1.300 millones de € en concepto de ayudas de la PAC. 



Si bien estos últimos años ha crecido el volumen de importaciones de vino a la UE, la UE sigue siendo exportador neto de vino. En 2006, el total de las exportaciones de vino de la UE ascendía a 5.500 millones de €, con una contribución neta de 3.000 millones de € en la balanza comercial de la Comunidad. 

El cultivo de la vid y la producción de vino desempeñan también un papel importante en el nivel de actividad y de empleo de las zonas rurales de muchos Estados miembros de la UE y de sus regiones. 

En 2005, el número de explotaciones dedicadas al cultivo de la vid para la producción de vino en la UE-25 ascendía a cerca de 1,3 millones de explotaciones, es decir, algo más del 20% de todas las explotaciones de la UE. Esas explotaciones, que ocupan más de 3,4 millones de hectáreas de tierra, representan aproximadamente el 20% del total del empleo de la agricultura de la UE, ya que proporcionan puestos de trabajo a más de tres millones de personas, entre las cuales prevalece aún la mano de obra familiar. Además de los puestos de trabajo permanentes, también se utiliza un importante contingente de empleo temporero para la vendimia. Los países mediterráneos (Italia, Portugal, Francia, España y Grecia) emplean un 84% de la mano de obra que se utiliza en las explotaciones vitícolas. 

Cuando se examina cómo han venido evolucionando las explotaciones vinícolas con el tiempo, se observa una reducción significativa del número de explotaciones (de 2,1 millones en 1990 a 1,3 millones en 2005), así como en su correspondiente nivel de empleo. 

Estos resultados son la clara indicación de un largo y profundo proceso de reestructuración que se está dando en el sector europeo del vino, que está desembocando en la expansión del tamaño medio de la explotación vinícola y en la racionalización del factor de producción que es la mano de obra, en el contexto de una ligera reducción de las superficies plantadas de viñas. 

La dimensión socioeconómica del cultivo de la vid se extiende más allá de las actividad agrícola en los viñedos y también abarca las actividades económicas indirectas relacionadas con la producción vitícola, tales como el comercio y la comercialización del vino, la producción de toneles de roble, botellas, cápsulas y corchos, y el desarrollo del turismo vinícola. El sector del vino contribuye asimismo considerablemente al medio ambiente. Los viñedos son garantes de la presencia humana en zonas frágiles que a menudo carecen de otras alternativas económicas. Las viñas plantadas en los collados ayudan a limitar la erosión del suelo y también son una protección contra los incendios, ya que la baja densidad de sus rizomas impide la propagación de los mismos. 

En vista de este valor que añaden las viñas al paisaje y de la contribución que aportan a su preservación, el Convenio Europeo del Paisaje da también una especial relevancia a los viñedos. Además, sobre la base de las disposiciones del Convenio Europeo del Paisaje relativas a la protección, la gestión y la planificación de los paisajes, se han desarrollado numerosos estudios destacando el valor y estableciendo códigos de buenas prácticas para preservar el medio ambiente y promover los paisajes vinícolas con la distinción de turismo de calidad. 


Historia del vino 
Historia del vino: el culto de la moderación



Como símbolo duradero de la vida europea, el papel del vino ha venido evolucionando con el tiempo, cambiando desde una importante fuente nutritiva que era hasta convertirse en complemento cultural de la comida y de la convivialidad, compatible con un estilo de vida sano. También ha evolucionado el arte de la viticultura, pero un principio que no ha cambiado para nada es la tradición europea de presentar el vino y de comunicar sobre él mismo, centrándose en los orígenes, la herencia y la vinicultura. Por consiguiente, se suele asociar el vino con la gastronomía, la historia, la calidad de los productos locales y cierta solemnidad social. Como tal, a pesar de las diferencias en las pautas de consumo que se observan a través de toda la UE, el consumo moderado sigue siendo la norma general y es sólo una pequeña minoría la que hace un uso indebido del vino. 

La apreciación que tienen los europeos del vino refleja la diversidad de la experiencia europea, del buen hacer y de los hábitos culinarios. La asociación del vino como parte de la identidad europea también promueve un consumo moderado. No obstante, en contraste con la cultura inherente del vino, los Estados miembros de la UE están experimentando una tendencia creciente al uso indebido del alcohol, particularmente entre los jóvenes, que está teniendo importantes implicaciones desde un punto de vista sanitario, judicial, económico y social. Porque un consumo responsable del vino es compatible con un estilo de vida europeo, moderno y sano, la actual cultura del vino debe incluir un compromiso común de todas las partes a asegurar que el consumo moderado siga siendo la norma social. 





Hábitos de consumo 
Entender los factores determinantes complejos, regionales e interculturales


Tradicionalmente, la mayoría de las culturas europeas consideran el vino como una alternativa refinada, opinión coherente con un consumo moderado. A pesar de que el consumo de vino se haya reducido considerablemente en la UE estos últimos 20 años, se nota un incremento gradual del uso indebido de bebidas alcohólicas entre los jóvenes, por ejemplo y en particular bajo la forma de “consumo en atracones” (un consumo excesivo repetido, es decir más de cinco unidades de bebida estándar de una vez, con el propósito de emborracharse). Esta tendencia pone de manifiesto la importancia de analizar los hábitos de consumo y la necesidad de promocionar un consumo responsable y moderado de bebidas alcohólicas. 

El estudio europeo comparativo sobre el alcohol (European Comparative Alcohol Study - ECAS) coteja el consumo de alcohol y los hábitos de consumo en 14 países europeos y recalca diferencias considerables. Aunque la región mediterránea europea cuente con el mayor consumo de alcohol per cápita, allí es donde se pueden observar los hábitos de consumo que plantean riesgos sanitarios menores: por ejemplo, las bebidas alcohólicas se consumen ante todo en casa durante las comidas, no en bares/restaurantes y siempre comiendo. Existen asimismo variaciones nacionales considerables con respecto al consumo en atracones. Por ejemplo, el 34% de los encuestados irlandeses han contestado que de costumbre hacen un consumo masivo de alcohol, en comparación con sólo el 2% de los encuestados en Italia, Grecia y el 4% en Portugal, países productores de vino (European Comparative Alcohol Study – informe final ECAS, 2002: véase gráfico 5). 

De hecho, los hábitos de consumo nocivos son considerablemente menos comunes en países predominantemente productores de vino, en los que éste se consume con más regularidad, casi exclusivamente con las comidas. La cantidad de alcohol ingerida en una sesión de bebida tiende a ser mucho menor que en los países nórdicos, el Reino Unido e Irlanda, con los niveles mayores de consumo en atracones. 

Por añadidura, existen enormes variaciones transculturales en la manera en que los Europeos se comportan cuando consumen alcohol. En algunas sociedades, el uso indebido de alcohol se asocial a menudo con un comportamiento violento o antisocial, mientras en otras, el consumo se hace por lo general con armonía. Estas diferencias están en parte relacionadas con creencias culturales incoherentes sobre las bebidas alcohólicas, expectativas con respecto a los efectos del alcohol, y normas sociales relativas a la embriaguez (informe final ECAS, 2002). 

Queda bien documentado en el estudio ECAS 2 que el método tradicional de considerar únicamente el consumo de alcohol per cápita en la población de un país y omitir los hábitos de consumo no es necesariamente el factor decisivo para identificar los daños inducidos por el alcohol. Se precisa una comprensión más pormenorizada de los hábitos de consumo individuales, en particular entre los jóvenes, para poder sugerir soluciones que puedan minimizar los daños inducidos por el alcohol. Las investigaciones científicas que examinan los hábitos de consumo y motivaciones para beber alcohol pueden lograr poner freno al abuso y uso indebido de alcohol. Son esenciales las medidas de educación e información para fomentar la responsabilidad individual y elegir con conocimiento de causa. 

El sector del vino reconoce la necesidad de colaborar con las autoridades y los actores relevantes para fortalecer los proyectos existentes en los Estados miembros de la UE y solventar el problema del consumo nocivo de alcohol. El sector del vino lo hará promocionando el uso de “mejores prácticas”, que llevarán a efecto iniciativas sostenibles a largo plazo para hacer hincapié en las consecuencias negativas de un consumo irresponsable. Todos los actores deberían estar interesados en reducir los daños inducidos por el alcohol. El enfoque más eficaz supone partenariados entre actores no sólo a nivel nacional, sino también a escala regional, y a menudo - lo cual reviste aún mayor importancia - a escala local/comunitaria. 




Abuso y uso indebido 
Efectos nocivos del consumo abusivo


Un consumo excesivo de bebidas alcohólicas incrementa la exposición a un amplio abanico de factores de riesgo con los que aumenta el riesgo con la cantidad de alcohol ingerida. Por consiguiente, resulta crucial prevenir el consumo abusivo. El sector del vino está comprometido en conseguirlo. 


Valoración de los costes sociales y sanitarios 
Los daños derivados de un consumo abusivo y uso indebido de alcohol constituyen un gran motivo de preocupación. El consumo nocivo y peligroso de alcohol es una de las principales causas de muertes prematuras y enfermedades evitables. Una de cada cuatro muertes entre los jóvenes (15-29 años), así como una de cada diez entre las mujeres jóvenes está relacionada con un consumo nocivo de bebidas alcohólicas. Entre las causas de muertes se incluyen los accidentes de tráfico, las heridas, la violencia y las enfermedades hepáticas. Es la causa directa del 7,4% de todos los problemas de salud y muertes prematuras en la UE y tiene un impacto negativo en el trabajo y la productividad (Rehm J. et al., 2003, Anderson P. et al., 2006). 

El abuso de alcohol también se ha asociado con una serie de enfermedades crónicas a largo plazo que reducen la calidad de vida. Éstas incluyen la hipertensión, los problemas cardiovasculares, la cirrosis hepática, la dependencia al alcohol, varias formas de cáncer, lesiones cerebrales inducidas por el alcohol, así como otros problemas (Standridge J. et al., 2004). 

Entre las mujeres embarazadas, un consumo excesivo de bebidas alcohólicas puede causar malformaciones del embrión y su descendencia puede manifestar síntomas del síndrome del alcoholismo fetal. Por consiguiente, se recomienda no beber alcohol durante el embarazo (Tsai J. et al., 2007). 

Además de los problemas sanitarios inducidos por un consumo excesivo de alcohol, existen consecuencias sociales, tanto para los bebedores como para los demás miembros de la comunidad. Entre estas consecuencias destacan los daños ocasionados a los miembros de la familia (incluidos los niños), amigos y colegas, así como a los transeúntes y desconocidos, es decir personas acosadas por individuos en estado de embriaguez. El uso indebido de alcohol también afecta a la vida profesional: casi un 5% de los hombres y un 2% de las mujeres en la UE-15 dan cuenta de un impacto negativo del alcohol en su trabajo o estudios (Anderson P. et al., 2006). 



Restricciones necesarias para los menores de edad


Inmadurez física 
Además, los jóvenes se exponen a más riesgos que los adultos, pero siguen teniendo habilidades de toma de decisión poco desarrolladas, lo cual queda reflejado en las frecuentes heridas que sufren (Miller J.N. et al., 2007) durante la adolescencia. El cerebro de los jóvenes es sensible a las heridas causadas por el alcohol y no sabe escuchar las señales del cuerpo para dejar de tomar alcohol (Spear L., 2004). 

Puesto que los adolescentes están en pleno desarrollo físico, por regla general no han desarrollado íntegramente la misma capacidad para tolerar alcohol que los adultos. Se observa asimismo que la dependencia al alcohol se desarrolla con más probabilidades si se empieza a consumir alcohol antes de la edad adulta. Los investigadores han encontrado que cuanto más joven se empieza a beber, mayor será el riesgo de dependencia al alcohol más tarde en la vida (Hingson R.W., 2006). 



Por añadidura, el alcohol daña el desarrollo cerebral de los jóvenes. Por consiguiente, consumir alcohol, y en particular consumirlo en atracones, cuando el desarrollo cerebral todavía no se ha finalizado, puede perjudicar el posterior funcionamiento del cerebro (White A. et al., 2004). 

Inmadurez mental 
Además, los jóvenes se exponen a más riesgos que los adultos, pero siguen teniendo habilidades de toma de decisión poco desarrolladas, lo cual queda reflejado en las frecuentes heridas que sufren (Miller J.N. et al., 2007) durante la adolescencia. El cerebro de los jóvenes es sensible a las heridas causadas por el alcohol y no sabe escuchar las señales del cuerpo para dejar de tomar alcohol (Spear L., 2004). 

Las grandes expectativas que muchos jóvenes atribuyen al alcohol como “lubricante social” (supresor de inhibiciones) pueden a veces hacerles correr riesgos enormes. 

Por si fuera poco, el proceso de cambio y transformación constante que experimentan los jóvenes y que afecta a su personalidad y fisiología puede llevar en un santiamén a una dependencia psicológica y física al alcohol. 


Influencia de la familia 
No obstante, recientes investigaciones en el Reino Unido (Bellis M.A. et al., 2007) sugieren que los adolescentes que consumen alcohol con moderación en casa con los familiares no tienen tantas probabilidades de consumir alcohol en atracones. 

Asimismo, la vigilancia del consumo de alcohol por los padres en el entorno familiar puede facilitar una herramienta para establecer un diálogo hijo-padre sobre el alcohol. Este método requiere padres comprensivos para cerciorarse de que fomentan únicamente un consumo moderado, y sólo cuando sea apropiado. Los padres han de dar el ejemplo estableciendo y fomentando hábitos de consumo socialmente aceptables. 


Edad mínima de compra 
Velar por el cumplimiento de la prohibición de venta a los menores 


En cada Estado miembro de la UE, las legislaciones reflejan las diferencias regionales y culturales. Por lo relativo a la edad para comprar alcohol, las restricciones legales varían de un país a otro y por regla general oscilan de los 16 a los 21 años. Puesto que todos los países de la UE limitan por ley la venta de alcohol a los jóvenes, el sector del vino está a favor de que los consumidores de cualquiera edad reciban suficiente información acerca de la edad mínima fijada para la compra y el consumo de alcohol. 

No obstante, las restricciones legales acerca de la edad mínima de compra sólo podrán ser operantes si se aplican las respectivas legislaciones. El cumplimiento de la ley es de suma relevancia porque los estudios indican que los menores de edad acaban comprando bebidas alcohólicas sean cuales sean los límites legales. Esto, probablemente, es el resultado de una aplicación insuficiente o incoherente de la ley, en particular cuando existe poco empeño por cumplir con la legislación en la comunidad. El sector europeo del vino contribuirá a sensibilizar y fomentar el respeto de la sociedad para con las legislaciones que rigen la edad mínima de compra de alcohol. 




Beber y conducir - No supere los límites de la TAS (Tasa de alcohol en sangre) para conductores 
Al igual que cualquier otra bebida alcohólica, el consumo de vino trastorna la capacidad de llevar a cabo algunas actividades, como conducir. 

Tasa de alcohol en sangre (TAS) 
La TAS es la cantidad de alcohol en el flujo sanguíneo: un nivel de TAS de 0,5 significa que una persona tiene 0,5 gramos de alcohol en el cuerpo por cada litro de sangre. 
Considerando una bebida estándar con 10 gramos de alcohol, la TAS se incrementa por lo general en 0,2-0,3 por bebida estándar. En líneas generales, una TAS disminuye en aproximadamente 0,2-0,1 por hora (¾ a 1 bebida estándar, o 8 gramos de alcohol por hora). 
La TAS se dispara cuando el alcohol se ingiere con el estómago vacío. 


Absorción de alcohol 

Tras una copa, el alcohol es absorbido rápidamente por el estómago y el intestino y pasa en la circulación sanguínea. La tasa de alcohol en la sangre después de unas copas depende del ritmo de bebida y de la velocidad de descomposición en el hígado. La capacidad del hígado para metabolizar el alcohol resulta limitada. Por consiguiente, si la cantidad de alcohol en el hígado supera la capacidad de descomposición, el alcohol que queda circulará por la sangre hasta llegar a otros órganos y tejidos del cuerpo, como los sesos. Por lo general, el alcohol empieza a afectar al cerebro unos 5 minutos después de haber sido ingerido. 

La influencia del alcohol en las personas varía en función de su tamaño, constitución física, género, salud general, metabolismo, y/o condiciones bajo las que ingiere el alcohol (es decir con o sin alimentos). Por ejemplo, la TAS de una mujer se incrementa generalmente más que la de un hombre porque las mujeres suelen ser más bajas y tener más tejido adiposo que los hombres por cada kilo del peso del cuerpo. Además, los hombres tienen más agua corporal, por lo tanto el alcohol está más concentrado en la sangre de una mujer que consume las mismas copas que un hombre. Por añadidura, las mujeres tienen un número menor de enzimas que metabolizan el alcohol en el estómago y el hígado. 

Habida cuenta de la multitud de factores que inciden en la TAS, resulta muy difícil evaluar la TAS o la discapacidad. El alcohol deteriora marcadamente la capacidad para conducir con prudencia. Más adelante encontrarán una lista de algunas de las consecuencias negativas comunes del consumo de bebidas alcohólicas. 

Impacto del alcohol en la capacidad para conducir 


Consecuencias sobre las funciones psicomotoras del conductor 

Se reducen la coordinación y la capacidad de reacción 
Se altera la capacidad para juzgar la velocidad, la distancia y la situación relativa del vehículo 
Se altera la capacidad para seguir una trayectoria o hacer frente a lo inesperado 

Consecuencias sobre la visión del conductor 

Se reduce el campo visual y se altera la visión periférica 
Se retrasa la recuperación de la vista después de la exposición al deslumbramiento 
La acomodación y la capacidad para seguir objetos con la vista se deterioran, incluso con niveles bajos de alcohol en sangre 

Consecuencias sobre el comportamiento y la conducta 

El alcohol altera el comportamiento al volante y las reacciones pueden resultar agresivas o negligentes 
Induce una sensación de sobrevaloración, que puede dar lugar a decisiones temerarias. 


Por estas razones, todos los Estados miembros de la UE han establecido límites legales para la TAS de los conductores (véase cuadro 6). 

El mejor consejo es no consumir bebidas alcohólicas cuando conduce. En cualquier caso, ¡los límites TAS establecidos para los conductores no se deberían rebasar en ningún momento! 




El programa Vino con Moderación es una iniciativa del sector vitivinícola europeo, cuyo objetivo es promover la moderación y la responsabilidad en el consumo de vino y contribuir a la prevención del consumo excesivo o indebido de bebidas alcohólicas en Europa. 

El programa Vino con Moderación es un compromiso de las organizaciones siguientes: 


CEEV – Comité Européen des Entreprises Vins 
Comité Vins 
Vins, Vins Aromatisés, Vins Mousseux, Vins de Liqueur et Autres Produits de la Vigne 
www.ceev.be 


COPA-COGECA 
Committee of Professional Agricultural Organisations in the European Union 
General Confederation of Agricultural Co-operatives in the European Union 
www.copa-cogeca.eu 


CEVI 
Confédération Européenne des Vignerons Indépendants 
www.cevi-eciw.eu 


EASA 
European Advertising Standards Alliance 
www.easa-alliance.org 


Euro-toques International 
www.euro-toques.org 



El programa Vino con Moderación ha sido creado y está siendo implementado con la colaboración de Weber & Shandwick (Bruselas). 


El vino ha venido evolucionando como parte de la vida, de la cultura y de la dieta europeas desde tiempos inmemoriales. La elaboración del vino se fue abriendo paso en Europa con la expansión del Imperio romano a lo largo de todo el Mediterráneo, que fue cuando se establecieron muchas de las principales regiones vinícolas que aún existen en la actualidad. Ya en aquel entonces, la elaboración del vino era un oficio muy preciso que fue promocionando el desarrollo de nuevas variedades de uva y de las técnicas de cultivo. Fueron apareciendo así los toneles para la reserva y el transporte del vino, además de las botellas que se utilizaron en ese entonces por primera vez e incluso se creó un rudimentario sistema de denominación, según fueron adquiriendo reputación algunas regiones de producción de vinos finos. Según se fue refinando progresivamente la producción de vino, fue incrementándose su popularidad y las tabernas de vino pasaron a ser un elemento común de todas las ciudades del Imperio. 

Ahora bien, la cultura del vino es anterior a la época de los romanos en Europa. Efectivamente, ya en la Grecia antigua, el vino era loado por los poetas, historiadores y artistas y aparece con frecuencia en las obras de Esopo y Homero. No obstante, en Grecia, el vino se consideraba como privilegio de las clases superiores. Diónisos, el dios griego del vino representaba no sólo los poderes de intoxicación del vino, sino también sus influencias sociales y benéficas. Se le consideraba como el dios promotor de la civilización, la longevidad, el amor y la paz, al igual que el santo patrón de la agricultura y del teatro. De hecho, de acuerdo con el historiador griego Tucídides “las gentes del Mediterráneo empezaron a emerger del barbarismo cuando aprendieron a cultivar el olivo y la vid”. 

Con el paso de los siglos, el arte de elaborar vino se fue extendiendo en Francia, España, Alemania y parte de Bretaña. En esa época, ya se consideraba el vino como una parte importante de la dieta diaria y la gente empezó a apreciar los vinos más fuertes y de más carácter. La apreciación del vino en Europa se afianzó con la Edad Media, en parte porque beber agua todavía no era seguro, por lo que el vino era la alternativa preferida para acompañar las comidas. Al mismo tiempo, la viticultura y la vinicultura fueron avanzando gracias a la labor de los monasterios repartidos por el continente, donde nacieron algunos de los viñedos más finos de Europa. Por ejemplo, los monjes benedictinos fueron unos de los productores de vino más importantes de Europa, con viñedos en las regiones de Champagne, Borgoña y Burdeos, así como en las regiones alemanas del Rín y de Franconia. Las clases nobles y los comerciantes bebían vino en cada comida y tenían sus bodegas bien abastecidas. 

Durante el siglo 16 empezó a apreciarse el vino como una alternativa más refinada que la cerveza y según se fueron diversificando los productos de la vid, los consumidores empezaron a valorar la variación de sus hábitos de consumo, y la gente empezó a comentar los vicios y virtudes del vino con mayor entusiasmo que en siglos pasados. El tan famoso vate de la Inglaterra de la época isabelina observaba ya que “el buen vino es una jovial criatura, si de él se hace buen uso”, comentando implícitamente sobre el uso indebido del vino en aquel entonces. Durante la época shakespeariana empezó a disponerse de agua potable en Londres, adelanto que trasladó el sector del vino a una nueva era. 

La mejora de las técnicas de producción intervenidas durante los siglos 17 y 18 desembocaron en elaboración de vinos más refinados, empezaron a utilizarse las botellas de vidrio y se inventaron los tapones de corcho. El auge del sector del vino francés se inició en este periodo, al darle los comerciantes de los Países Bajos, de Alemania, Irlanda y Escandinavia un reconocimiento particular a los vinos de la región de Burdeos. Burdeos comerciaba con el vino a cambio de café y otros objetos codiciados procedentes del Nuevo Mundo; lo cual contribuyó a reforzar el papel del vino en el emergente comercio mundial. 

Si bien se considera el siglo 19 como la edad de oro del vino en muchas regiones, ello no fue sin tragedia. Efectivamente, alrededor de 1863, muchas viñas tuvieron una enfermedad causada por la filoxera, un insecto que les chupaba el jugo hasta las raíces. Cuando se descubrió que las viñas de América eran resistentes a la filoxera, se decidió plantar viñas americanas en las regiones francesas afectadas. Así se originó una uva híbrida que produjo una mayor variedad de vinos. Fue en ese entonces también cuando unos productores de vino se trasladaron a la región de Rioja, en el norte de España y enseñaron a los españoles a elaborar vino con sus variedades de uva locales. 

Durante los 150 últimos años, la elaboración del vino ha sido totalmente revolucionada como arte y ciencia que es. Efectivamente, con el acceso a la refrigeración, las bodegas han podido controlar fácilmente la temperatura y los procesos de fermentación y producir vinos de alta calidad en regiones de clima cálido. La introducción de maquinaria para la recolección ha propiciado la extensión y la mayor eficacia de las viñas. Si bien el sector del vino debe afrontar el reto de satisfacer la demanda de un creciente mercado sin perder el carácter individual de sus vinos, la tecnología contribuye a asegurar una oferta uniforme de vinos de calidad. La apreciación en que se tiene actualmente al vino es un tributo pagado a ese arte intemporal de la elaboración del vino, y demuestra la importancia del vino en la historia y en la diversidad de la cultura europea. 



Cultura del vino 
Cultura del vino: una herencia de cultivos, apreciación y diversidad